Quiero recordarte que mereces amor del bueno,
del que abraza y no asfixia, del que acompaña
sincadenas; que tu valor no depende de quién se
queda o quién se va, sino de lo que eres cuando
te miras al espejo; que está bien descansar, llorar
y pedir ayuda cuando la carga pesa; que no tienes
que demostrar nada para ser suficiente, ya lo
eres; que la vida no se mide en logros grandes,
sino en los pequeños momentos que te hacen
sonreír; que equivocarte no te hace menos,
te hace humano; que la soledad no siempre es
vacío, a veces es espacio para encontrarte; que
tus heridas no definen tu historia, pero sí pueden
ser la raíz de tu fuerza; que no tienes que correr
para alcanzar a nadie, porque lo que es para
ti no se va; que cada día es una oportunidad de
empezar de nuevo, aunque sea con pasos
chiquitos; que perdonarte no es olvidares
liberarte; que no todas las personas sabrán
cuidarte, pero sí existen las que lo harán con el
alma; que Dios o la vida, como quieras llamarlo,
nunca se equivoca con los tiempos; y que tú,
con todo lo que eres y has vivido, mereces paz,
alegría y un lugar donde siempre serás elegido
sin dudas.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario